Llegan las fiestas, y es un momento dificil. Los hijos grandes empiezan a sentir que deberían tener dos cuerpos para repartirse mejor, puede ser que encima de padres que viven separados tengan suegros que, si tienen suerte, no están separados y pueden resolver el tema con una sola asistencia.
En general se ponen malhumorados, egoístas y suelen enojarse con nosotras, las madres porque inventamos la Navidad. Y qué se le va a hacer!! Aún debe flotar por ahí el recuerdo de cuando estábamos todos juntos.
Los más chiquitos la tienen un poco más clara porque saben capitalizar el regalo doble, como una forma sabia de encontrar un beneficio que no los haga extrañar tanto al padre que quedó del otro lado de la frontera.
Pero en este momento y más allá de estos divagues míos, es un buen momento para reflexionar sobre nosotras.
Para eso quiero tomar de una nota que escribió Marcos Aguinis algunas palabras:
"...Es fácil percibir cómo se agitan las aguas cuando la mujer oprimida consigue ser tratada con dignidad. Los que entonces suelen perder la dignidad son los varones".
Por esa dignidad, por el derecho indiscutible a hacernos poseedoras de nuestros bienes, a administrarlos según nuestro criterio, porque nadie pueda decidir por nosotras cómo y de qué manera se invierte lo que nos pertenece, para ser mujeres que no tengamos que litigar por lo que es nuestro derecho irrenunciable.
Porque algún día podamos concretar una fundación que asesore y contenga a tantas que andan a tientas en estos caminos.
Feliz Navidad, Año Nuevo, y un gran abrazo a todas
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