La Bienvenida

Esto de separarse es triste y doloroso. Divorciarse es aceptar el fin de un proyecto de familia. Dividir los bienes, para muchas mujeres es atravesar la selva. Ojalá podamos cruzarla salvando lo que queda atrás y llegar, aunque lastimadas, vivas y enteras.

jueves, 18 de marzo de 2010

Las "mujeres bravas"

Vale la pena leerlo, es una muy buena visión masculina de la mujer de hoy.

Para quien no lo sepa, Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en Literatura moderna en Italia, Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico defensor de derechos humanos y fundador de la que ahora es la facultad de medicina) pero se vuelve a ir a Italia por amenazas recibidas, regresa en 1993 aproximadamente y en la actualidad reside en Bogotá.



Elogio a la mujer brava

Por Héctor Abad

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!

viernes, 26 de febrero de 2010

Una historia que dista mucho de ser la mía

"Nuestro Día" no siempre me cae bien. Ya se que muchas me van a contar la historia de las trabajadoras quemadas, pero no es por eso, sino porque siento que de la misma forma que nos dieron un número en el Congreso, nos dan un día como para decirnos que somos iguales. A raíz de muchas cosas que pasan en el mundo me doy cuenta que no es cierto que somos iguales, y tal vez estaría bueno pensar que a veces donde ganamos espacio trabajamos el doble. Pero bueno, es tema de otro debate.
Pensemos que cuando las mujeres buscan trabajo tienen que ser delgadas, de buena presencia´, jóvenes, bilingües y con experiencia y si es posible castradas o por lo menos sin ovarios para evitar que quede embarazada y haya que darle los tres meses de licencia.
Pero no son estos los temas de que trata este blog.
En realidad para el Día de la Mujer me gustaría contar una historia muy diferente a la mía:
"Hubo una infidelidad de parte de el muy fea, pero cuando llegó el momento del divorcio, en un arreglo individual, todo lo que tenía la pareja fue puesto sobre la mesa ante un abogado y se hizo de común acuerdo con división de bienes. Ella eligió primero por las propiedades, él se quedó con el efectivo y una propiedad a vender.
Conclusión : ambos quedaron muy bien económicamente, no se puso en juicio quién había aportado más y si el primer departamento lo compraron con dinero de uno u otro, que tengo entendido fue de él. Este hombre entendió que todo lo que en ese momento tenía la pareja era de los dos. Una de las fuertes discusiones fue por dos perros que ella sugirió separarlos, y a él le dio pena y se los dejó a su ex-mujer. Los hijos eran adultos al momento del divorcio.
Ella hoy sigue sin perdonar la infidelidad (lo que es su derecho), él no está arrepentido de haberse divorciado, pero le apena no poder encontrarse para compartir momentos de los hijos en común."
Lo mejor de esta historia es que es real!!!!!!!!!!!
Por supuesto no es la mía, para el Día de la Mujer yo estaré esperando una audiencia para ver si alguien me escucha, viendo como la otra mitad del conflicto se llena la boca repartiendo bienes como si ya le pertenecieran.
Me seguiré enterando de las nuevas adquisiciones a nombre de terceros porque, para no pagar, debe parecer un pobre y humilde trabajador que apenas cobra lo necesario para mantener las cosas. Auto BMW y 4x4 cero kilómetros, regalos por doquier de gran porte, sueldos en negro, facturación doble, etc., etc, etc., todo esto armado con una frialdad digna del mejor ingeniero en redes, total para la lágrima fácil alcanza con un par de historias apoyadas en una uña de la realidad y con las dos manos en la imaginación: "la gente cree más en una gran mentira que en una pequeña verdad",frase que me fue repetida por años y que nunca terminé de aprender, pero que sirven para vender personajes.
Para el Día de la Mujer, nos queda a nosotras seguir viendo como la justicia se hace injusticia a medida que tarde tanto tiempo en resolver, y que además ese tiempo no signifique que nos devuelvan lo que es nuestro de manera igualitaria.
Hay historias peores, en Afganistán las mujeres son golpeadas y aunque la burka no sea ahora obligatoria, la costumbre las obliga a llevarlas para que no las ataquen en la calle. A ellas ni le hablemos de divorcio y bienes, solo pretenden elegir algo una vez en su vida.
En Europa están prohibiendo a las inmigrantes usar la cara tapada, España se horroriza y sin embargo tiene el más alto índice de muerte por violencia doméstica del Mercado Común. Son distintas maneras de mirar la realidad.
Acá en la Argentina donde "las mujeres nos quedamos con todo", la nuera de Macri va a la televisión porque su ex-marido es insolvente. Ni un departamento tiene.
Esa también es la realidad. Porque no importa si tenés más o menos, la desigualdad tiene todos los niveles sociales y todas las edades.
Cuando en Argentina una mujer pone una cifra sabe que hay más, nunca pone el máximo suyo, sino lo que puede llegar a obtener y los abogados lo saben bien.
En la Argentina todo consiste en "hasta cuándo podés aguantar".
No se ustedes, pero en mi caso ya estoy jugada, aguanto hasta que la dignidad me alcance y por ahora tengo bastante.
Feliz Día

martes, 22 de diciembre de 2009

Las fiestas

Llegan las fiestas, y es un momento dificil. Los hijos grandes empiezan a sentir que deberían tener dos cuerpos para repartirse mejor, puede ser que encima de padres que viven separados tengan suegros que, si tienen suerte, no están separados y pueden resolver el tema con una sola asistencia.
En general se ponen malhumorados, egoístas y suelen enojarse con nosotras, las madres porque inventamos la Navidad. Y qué se le va a hacer!! Aún debe flotar por ahí el recuerdo de cuando estábamos todos juntos.
Los más chiquitos la tienen un poco más clara porque saben capitalizar el regalo doble, como una forma sabia de encontrar un beneficio que no los haga extrañar tanto al padre que quedó del otro lado de la frontera.
Pero en este momento y más allá de estos divagues míos, es un buen momento para reflexionar sobre nosotras.
Para eso quiero tomar de una nota que escribió Marcos Aguinis algunas palabras:
"...Es fácil percibir cómo se agitan las aguas cuando la mujer oprimida consigue ser tratada con dignidad. Los que entonces suelen perder la dignidad son los varones".
Por esa dignidad, por el derecho indiscutible a hacernos poseedoras de nuestros bienes, a administrarlos según nuestro criterio, porque nadie pueda decidir por nosotras cómo y de qué manera se invierte lo que nos pertenece, para ser mujeres que no tengamos que litigar por lo que es nuestro derecho irrenunciable.
Porque algún día podamos concretar una fundación que asesore y contenga a tantas que andan a tientas en estos caminos.
Feliz Navidad, Año Nuevo, y un gran abrazo a todas

martes, 8 de diciembre de 2009

Premio a la No Violencia

No soy la única que tiene blog, pero debo decir que éste nació primero. Algunas personas entenderán porqué lo digo, otras quedarán un poco en el aire, pero no es demasiado trascendente al tema.
Lei una nota sobre un Premio que se realizará a La No Violencia.
La vida tiene cosas curiosas, porque la famosa Ley de violencia de género contra la mujer que, entre otros puntos, contempla la violencia económica sigue sin reglamentar.
Nos pusimos contentas, todas sabemos cuánto se ejerce este tipo de violencia como una manera de lograr objetivos. Para muchas, esta ley llega tarde, pero la idea es que sirva de aquí hacia adelante para aquellas que áun no caminaron los pasillos de los tribunales buscando recuperar lo propio.
La ley no se regula, ergo: es lo mismo que no tenerla.
Yo siempre digo, ¿te tienen que golpear o mandar al hospital para entender la urgencia de una respuesta legal a una acción violenta?. Violencia es que te asfixien económicamente para que negocies en inferioridad de condiciones, violencia es que debas salir a buscar un trabajo a una edad en que está más para jubilarte que para empezar, violencia es que te enteres de los cambios continuos de vehículos, viajes a Europa, compras interminables de objetos, lugares de trabajo paralelos y ocultos, y cuando le toca pagar te diga que no tiene dinero.
Nuestra sociedad es rara, están los que dicen "siempre las mujeres se quedan con todo". Pido un gran favor: si conocen alguna, díganle que me escriba, es más creo que me gustaría tocarla a ver si existe.
Sigamos, esto se hace largo y tendido, pero que no nos acuesten.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Y acá vamos de nuevo....

Y sí, otra audiencia y van... Ya está perdí la cuenta y les juro que no quiero volver a sumar esta cuenta, la otra espero que,alguna vez, después de los años quede algo para tomarme unas vacaciones en Las Toninas, tanto viaje a Europa de él, tanto viaje a la patria de Obama, y siempre acompañado, porque solo no va por supuesto, que espero quede algo de lo que alguna vez fue mío. No debería usar el tiempo pasado porque yo no me gasté nada, pero esta costumbre de nuestras leyes de convertir a nuestros ex maridos en cajas de ahorro nuestras, algo así como unos Banelco sin ventanilla ni cajero, para que un día, alguna vez, en el "País del Nunca Jamás", pasemos a retirar nuestros fondos, que en vez de fondo se habrán convertido apenas en un patiecito de dos por uno sin plantas ni pastito. En fin, que esto de que nada para la injusticia de que "te conviene arreglar por menos" es casi increíble.
Lo bueno que tiene en algunos casos es que los juicios tardan tanto que uno al final puede hacer como los políticos, se matan en la elecciones, se dicen de todo y un día comés con él como si nada. Porque ya nada te resulta raro ni nada te asombra. No está mal, mal está que te convenzan a resignar lo que es tuyo, mal está que los expedientes junten hojas para perder y extender los tiempos, para alargar los plazos indefinidamente.
El dinero compra gente, no compra la razón, hay veces que sin embargo hay que resignarla.
Ah, claro me olvidaba, te queda el honor que no te sirve para el super, ni para recontratar la obra social o cambiar el auto.
Es que una entiende que las leyes están por encima del hombre y no al servicio como debería ser.
En fin son apenas unas mínimas meditaciones de alguien que después de haber vuelto de una audiencia quiso convertir el sabor amargo de la nada, que es peor que lo malo, en un caramelo de dulce de leche para compartir. Será por eso que no adelgazo?
Besos a todas las compañeras de asientos de madera duros, en pasillos fríos de juzgados casi anónimos.
En fin, al fin y al cabo no conozco Las Toninas.

lunes, 2 de febrero de 2009

Nosotras

Nosotras, esas, las mujeres a las que nos tocó luchar una lucha desigual en un mundo donde el poder aún sigue estando del lado masculino.
Nosotras somos aquellas a las que nos enseñaron el cuento de la Cenicienta, o aún peor la Bella Durmiente, y entonces también soñamos con el príncipe que nos despertaría de nuestro letargo y nos abriría la puerta de la vida.
Nosotras que fuimos novias alguna vez, amigas, madres de hijos propios o ajenos, compañeras de camino o de trabajo. Nosotras que tendimos camas que no hicieran arrugas o enseñamos a hacerlas. Cocinamos rico o no demasiado. A nosotras nos conoció el verdulero y el carnicero por nuestro nombre, y nos saludaba la cajera del supermercado.
Nosotras, anónimas en los triunfos de los maridos que nos preguntaban qué ponerse para cada ocasión. Las que sonreímos ante gente odiosa porque eran sus compañeros de trabajo o de un futuro negocio, a las que se nos reprocharon los fracasos. Las que siempre tuvimos la culpa de algo, de los primeros novios, de los primeros aplazos, de las primeras borracheras o llegadas fuera de hora de nuestros hijos.
Cambiamos pañales, dimos papillas, controlamos fiebres, pusimos cientos de despertadores para dar el antibiótico, la mamadera, para estudiar, el colegio, la universidad, el médico, los análisis, exámenes, etc, etc, etc.
Fuimos unas trabajadoras a destiempo de tiempo completo, a destiempo muchas veces de la vida, otras de nuestra propia actividad, pudimos tener un solo lugar físico de residencia laboral: la casa familiar, o más de uno, pero en el primer ámbito (el hogar) nadie nos tomó asistencia, ni nos dejó marcar tarjeta, ni nos hizo firmar el horario de entrada y salida. Nadie jamás nos pagó las vacaciones, ni el aguinaldo, ni premios. No hubo sueldo. Y por supuesto cuando todo terminó tampoco hubo indemnización .
Y también estamos las otras, las que además pusimos el cuerpo en la fábrica, el negocio, la empresa, el consultorio o cualquier actividad de nuestros esposos. Las que ayudamos o generamos ideas, las que creímos en el crecimiento económico juntos, de todas las maneras posibles. Somos las que un día además de quedarnos sin un proyecto familiar nos quedamos sin trabajo. Somos las que por esas extrañas cosas que tiene nuestra jurisprudencia, no disponemos de lo que es nuestro,las que debemos luchar para sobrevivir entre lo difícil que es comenzar sin nada y la búsqueda de fuerzas para no caerse más de lo que nos empujan cada día.
Hay derecho a que algo se termine, cada uno tiene derecho a dejar de amar o de que te amen, pero qué tiene que ver con el abandono del que te acompañó años de vida? Es algo a lo que no encuentro respuesta. Como me quedo muda cuando se acercan los “consejeros” conocidos y nos dicen que no sigamos, y me pregunto “cómo se hace?”, quién me da la fórmula para que me devuelvan lo que me pertenece y pueda iniciar una nueva vida?. Porqué me lo dicen a mi y no al otro?. Yo tengo la culpa de querer mis bienes?